La temperatura de los cuerpos es una característica que ya el hombre primitivo captó a través de sus sentidos y vincular con diversas situaciones. Hipócrates comprobaba el calor de la piel del enfermo aplicando la mano sobre él y, según la sensación que percibía, hacía la diferencia entre el “calor dulce” y la “fiebre ardiente”. En ese entonces, el tacto era la única herramienta para valorar la temperatura, dando lugar a las primeras evaluaciones de esta información tan esencial en la práctica diaria, pero en una versión simple y poco sistematizada.



No hay comentarios:
Publicar un comentario