
Las enfermedades transmisibles representan un importante reto en términos de salud, economía y consecuencias sociales; hace tan solo unas décadas el impresionante avance científico alcanzado en el campo de detección, el diagnostico y el tratamiento de estas enfermedades nos hizo pensar que en el siglo XX pasarían a ser parte de la historia, pero la realidad es que los problemas que ellos generan todavía están lejos de ser resueltos, prueba de ello son los 42 millones de personas que en todo el mundo actualmente están infectados por virus de la inmunodeficiencia humana, (VIH) padecimientos propios del subdesarrollo y la pobreza, tales como la tuberculosis o la identificación de brotes por virus como el Ebola, están ahí para acordarnos que hoy más que nunca tenemos la necesidad y la obligación de ser competentes en materia de enfermedades infectocontagiosas y de no abandonar la vigilancia y la aplicación de las precauciones estándar, ya que en la práctica diaria de atención clínica nos es imposible conocer en el contacto inicial, qué personas son portadoras de enfermedades tales como hepatitis virales, VIH, tuberculosis y otras infectocontagiosas, que pueden permanecer asintomático y ser indistinguibles de personas sanas, por eso es necesario conocer y aplicar la Bioseguridad a todos los pacientes independientemente del diagnostico o motivo de consulta.